―Tanto Veronica como los dos tipejos están equipados con trajes de submarinismo. ¿No crees que los echaremos de menos? ―¡Espero que no te de miedo mojarte un poco! ―Sabes perfectamente que no soporto mucho el agua. Como apasionada de la montaña, prefiero estar lejos de ella. ―Por esta vez tendrás que enfrentarte a ella. Vamos, no perdamos más tiempo. Volvimos a subir al coche y, en unos pocos minutos, llegamos al pozo de la villa. Mientras yo aseguraba la cuerda a un robusto árbol cerca del pozo, Mauro se colocó en los hombros la pequeña bombona de oxígeno y se puso el arnés. Tiró la cuerda al interior del pozo, se aseguró a ella con un mosquetón y desapareció en la oscuridad de aquel túnel vertical. El ruido de chapoteo me hizo comprender que había llegado al agua. Dio un tirón a la c

