EL ASCENSOR DEL CARCERETTE El arquitecto Adriano Zandri estaba cerca del siglo pero hasta hace un par de años nunca había sentido el peso de la edad. Ahora sí, sabía que se estaba acercando a una meta importante de su vida, sabía que las nanomáquinas que circulaban en su torrente sanguíneo, más allá de un cierto límite, no podrían impedir el futuro envejecimiento de su cuerpo. Tenía una cita pero temía miedo de no poder respetarla. Parecía que las cosas, de tres años a esta parte, habían ido todas por el camino equivocado. Debía estar presente en aquella cita, debía llegar a la astronave madre, donde el espíritu de Beta, alojado en su cuerpo mortal, debería pasar a un nuevo cuerpo abandonando el viejo, para comenzar un nuevo ciclo que duraría otro siglo. Estaba cansado, de pie delante de

