DOS EXTRAÑOS POLICÍAS 19 de julio de 2010 El verano del año 2010, según las estadísticas, fue, definitivamente, uno de los más cálidos de los últimos cien años. Lo estaba leyendo, sentada en mi escritorio, en el artículo de fondo de uno de los periódicos que compraba todas las mañanas antes de ir a trabajar. Protección civil había lanzado la alerta de calor para las siguientes tres semanas, en las que no estaban previstas precipitaciones ni de broma. Y, en efecto, el termómetro, en las horas centrales de aquellas jornadas de mitad de julio, con facilidad superaban los 40 grados. El efecto de esto se hacía sentir incluso en nuestras oficinas. Quien podía se había ido de vacaciones, y quien todavía estaba de servicio intentaba estar al fresco del aire acondicionado, evitando en lo posible

