Cerró todas las aplicaciones y guardó el palmtop, al mismo tiempo se aseguró de tener en el bolsillo la valiosa cajita que contenía un chip totalmente igual al que él mismo se había implantado. Tenía la intención de convertir a la paciente de Giannini, ya fuese terrestre o alienígena, en un conejillo de Indias humano para su importante experimento. El segundo microchip, inoculado a la mujer, le permitiría conectarse a su cerebro, acceder a todas las informaciones presentes en su memoria, y no sólo eso, también a las presentes en su subconsciente. Bastaba sólo que se mantuviese a una distancia idónea en la que los dos chips pudiesen comunicarse entre ellos vía wifi. Por el momento el Profesor Whu no tenía más que hacer. Se relajó, reclinó la butaca y se puso a dormir. Todavía faltaban mucha

