Me despierto de golpe, sudando y llorando por culpa de la pesadilla que acabo de tener, pesadilla en la que, como siempre, aparece Hayley. Estos meses he soñado la mayoría de las noches con ella, pero desde que la vi el otro día las pesadillas se han intensificado. Son más crueles y se repiten cada vez que consigo dormirme. En todas ellas, Hayley me deja, una y otra vez, y yo suplico que no me abandone. Pero lo hizo, me abandonó para irse a París. Y, a pesar de eso, no he podido parar de pensar en ella, sobre todo desde que apareció en la casa de Judith. Ese día en el que estaba parada frente a mí, con esa media sonrisa y esos ojos marrones que expresaban una combinación de tristeza y alegría. Me alegré, claro que me alegré de volver a verla, aunque mi cuerpo no reaccionase de la man

