Después de pasar la mañana estudiando francés y la tarde trabajando, llego a casa, donde Judith viene corriendo hacia mí para abrazarme con efusividad. Levanto ambas cejas, sin saber a qué viene esto. - Cuanto entusiasmo. – Digo, intentando zafarme de su abrazo, cosa que consigo. - Llevas un día desaparecida. – Contesta ella, separándose de mí. - Te escribí avisándote de que me quedaba en casa de Hayley. - Ah, ¿Sí? – Judith siendo Judith. Pongo los ojos en blanco. La rodeo, caminando hasta mi habitación para sacar mi pijama e ir al baño. Necesito una ducha. Judith me sigue y se mete en el baño conmigo. Sí, ella no sabe lo que es la intimidad, la da igual. Aunque a mí tampoco es que me importe demasiado, la conozco desde que éramos pequeñas, hay confianza. Y la confianza da asco

