No sé por qué nos hemos levantado tan pronto un domingo, pero aquí estamos las dos, a las ocho y media de la mañana, en la mesa de la cocina, desayunando sin decir ni una palabra. Maldigo al reloj biológico. - El próximo examen que tengo para corregir es el tuyo. - Hayley rompe el silencio, y que manera de romperlo. Seguro que la piel de mi cara acaba de perder todo el color. - Tranquila, los corregiré esta tarde, así que tienes unas horas más de ventaja. - Que poca fe tienes en mí. - Digo, intentando parecer indignada. Ella me mira, levantando una ceja y bebiendo de su taza de café. - Mala novia. - Sonríe, pero con una sonrisa pícara. Se levanta de la silla y se acerca despacio hasta mí, sentándose encima de mis piernas, rodeando mi cuello con sus brazos. Mi respiración se acelera, má

