Mariana continuó llorando, pero su estado de ánimo cambió abruptamente a enojo. "Entonces, ¿por qué te fuiste?" preguntó molesta, golpeando su pecho. Él comentó: "Porque eres molesta," y la soltó, dejándola caer de pie. Luego la ayudó a cargar las maletas nuevamente y subieron al vehículo. Después de todo el sufrimiento que había experimentado en esa media hora de incertidumbre, Mariana se quedó dormida. Nunca había imaginado que él regresaría por ella. Se sentía bastante calmada. El hombre la miró de reojo mientras manejaba y notó que estaba descansando. Colocó uno de sus suéteres como almohada para que ella apoyara la cabeza a un costado. Luego le abrochó el cinturón y la cubrió con una manta. Él, que había vivido gran parte de su vida en soledad, se daba cuenta de cómo la presenci

