"Entrenamiento", murmuró Adam, como una explicación. Mariana se sorprendió y preguntó: "¿Entrenamiento?". Adam continuó: "Nos hacían estar despiertos toda la noche, vigilando con un arma y de pie. Ese era el entrenamiento". Mariana rió divertida: "¿De verdad?". Adam confirmó: "Sí, me hicieron estar un día entero parado con un arma en la mano como castigo". Mariana se quedó pensativa, pero no dijo nada más. Para ella, la conversación había sido suficiente. Decidió preparar más café para pasar el tiempo, mientras continuaba su turno de vigilancia. A medida que se sumergía en sus pensamientos, Mariana entendía cada vez más la dureza de la vida que Adam había llevado y el camino que ambos estaban recorriendo juntos en este mundo incierto. Cuando se acercó al hombre, Mariana quedó en silencio

