Capítulo 89. Una verdad que duele, pero que pronto cobrara valor. En la mansión Durand Sebastian salió a recibirlas apenas escuchó el motor del auto acercarse. Katia y Diana bajaron del auto sin decir palabra; él las guio por el pasillo hasta el estudio, donde Paulina las esperaba con los ojos grandes, nerviosos. -- ¿Qué pasó? – les preguntó al verlas entrar, mirando alternativamente a sus amigas y a Sebastián. Katia colocó el bolso sobre la mesa, lo abrió con cuidado y sacó el sobre. Diana se quedó a su lado, como una guardia. No había prisa, pero sí una urgencia moral. -- Tenemos que contarte algo – le dijo Katia. -- Y te lo vamos a contar despacio. Si hay un momento en el que quieras que nos detengamos, entonces nos lo dices y paramos. ¿Está bien? – Paulina tragó saliva, apret

