La habitación del chico ya se asemejaba más a lo que estaba acostumbrada a ver en el mundo normal. Bueno, "acostumbrada", la única habitación de chico que había visto en mi vida había sido la de Alejo en mis tiempos de estudiante, aunque ésta no estaba tan desordenada. —Mira, Guille, ella es Sara, tu nueva maestra particular —dijo mientras me indicaba que pasara. Pero el muchacho no le hizo ni caso. —¡Ve a por la puta torre, Enrique! ¡A por la puta torre! Es que me cago en la puta. No sirves para nada, joder. Sólo tenías que hacer una cosa, ¡una sola cosa! ¿Cómo cojones puedes ser tan malo? —gritaba con los auriculares puestos. Al parecer estaba en comunicación con alguna persona que no parecía caerle demasiado bien. Pero su madre se encargó de sacarlo de su mundo de improperios y maldic

