Volví a revisar los papeles, e incluso los de los días anteriores, a ver si al final resultaba ser un error común, o si me había equivocado yo y esas fechas eran de otra cosa, o si esos papeles no eran de él y eran de algún compañero suyo... Pero no, todo estaba en orden, y todas las fichas estaban firmadas por el propio Fernando. Además, él era muy perfeccionista con su trabajo como para cometer el mismo error dos días seguidos, y tampoco se hubiese dejado timar horas que bien se había ganado cobrar. Me quedé sentada en la cama con las hojas en las manos y con la mirada perdida, Intentando buscar una explicación a por qué me había mentido. Barajé varias opciones, aunque cuando las pensaba bien, me daba cuenta que eran todas absurdas; como, por ejemplo, que no quería conducir de noche, o

