A contratiempo capítulo 28

4087 Palabras

La última vez que Gaspar vio verdaderamente el sol estaba a punto de esconderse. El cielo se había vuelto anaranjado y no había calor, sino solo una leve brisa fresca que le heló los brazos en ese momento y que le entregó la primera duda. En esos tiempos Gaspar era más inocente, más infantil y más confiado, ciego a sus instintos e inmune también a los recuerdos. Como un corderito que no intuye nada, que no imagina nada y que, en cambio, camina campante hacia su destino. El día en que todo pasó, sin miedo y sin suspicacia, Gaspar había mirado el sol sin saber que sería ese el último recuerdo que tuviera de la vida allá afuera. A veces, cuando Alma está dormida él piensa, ¿y si me hubiera devuelto a la casa? ¿Si le hubiera dicho a Ián que mejor no? ¿Que quería volver a casa? ¿Sería de verda

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