El agua seguía cayendo sobre él, en tanto seguía sumido en la melancolía de sus recuerdos. Creía que toda esa misería en la que se sentía envuelto no tenía sentido. O tal vez sí, no lo sabía. Pero sí sabía que se estaba volviendo loco sin poder hablar con ella. Estaba mirando las fotos del apartamento que había comprado ya, con ayuda de su agente inmobiliario, al que había llamado apenas bajó del avión, y le había pedido buscar un buen apartamento que él deseaba comprar. No fue difícil escoger uno, hermoso y lujoso en el mismo centro de la ciudad. Y ahora miraba las fotos pensando cómo sería cuando la llevara allí por primera vez. En la tercera semana de su gira, había tenido suficientes problemas con su representante y con otros miembros del equipo, porque no podía concentrase en el

