Pero aún dormido le era imposible borrar sus recuerdos. Eran como una plaga que, infectada todo su ser, y que no lo dejaban sanar desde que ella había desaparecido. Aquellos dos últimos días que estuvieron juntos, era como si se estuviera despidiendo de él. _ Buenas noches, señor Treiber. _ Saluda alegre al señor de aquello que parecía la recepción, en aquello vieja pensión. _ Buenas noches, señor Lambert. _ Regresa el saludo a la vez que se gira para tomar la llave, que colgaba junto a unas pocas más, en la pared. _ Aquí tiene su llave. Subieron callados hasta la habitación. Ella se sentó en el viejo sillón, envolvió su cuerpo en sus brazos, y soltó un largo y profundo suspiro, mirando a todos lados. Lorant deja la llave sobre una pequeña mesa frente a la cama. Le pareció raro tanto

