El efecto de un vestido nuevo

1555 Palabras
Después todas esas actividades escolares, llegó por fin la hora de la salida, estaba acomodando cuidadosamente mis cosas dentro de mi casillero dejando todo listo para el fin de semana que ya había llegado al fin. Organizaba algunos papeles cuando miré la invitación que me había dado Kev al iniciar el día, en ese momento recordé que aún tenía mis dos boletos extra, libres. Jess había invitado a Liz, y Alex de alguna manera ya tenía un boleto. Pensé de inmediato en Mary y Mike, ¡seguro les encantaría acompañarme! Tomé lo más rápido posible mi celular e hice una llamada. - Mike, sé que es de último minuto, pero me había olvidado por completo de la invitación –dije apresurada, esperando una respuesta afirmativa – es el cumpleaños de Kev, y tengo un par de boletos para dos acompañantes, me gustaría mucho que me acompañaras, y traigas a Mary también. - Claro –respondió entusiasmado –seré tu invitado. Aquí está Mary, deja comentarle, espera un segundo. Se escuchó a lo lejos la conversación “Fer nos invita a la fiesta de Kevin Hartwell” “Pero sabes que Adam y Jerry estarán ahí, sabes que se ponen insoportables y no me los puedo quitar de encima” “Vamos Mary –insistía –Fer nos invita” “Bien lo haré sólo por ella y por ti hermanito, ¿pero, que no es esta noche?” “Sí, sólo que Fer había olvidado la fiesta” “Bien déjame hablar con ella”. - Fer, soy Mary –dijo con una mezcla de entusiasmo y molestia –En unos minutos pasamos por ti. - No es necesario –dije –puedo llegar a casa rápido, Jess irá conmigo. - ¿¡De qué hablas!? –Respondió sorprendida en tono de regaño –Necesitamos ropa nueva –no era una sugerencia a la pudiera negarme, la conocía demasiado bien - Puedo acompañarte de compras si quieres –sugerí –pero yo no necesito ropa nueva. - ¡Qué dices! –sonaba dramática, reprobaba mi idea –Es una ocasión especial, debes comprar algo lindo, te ayudaré –sentía que de menos le debía eso, la había invitado casi a último minuto, era imposible negarme Caminé de nuevo hasta la puerta principal de la escuela, donde Jess y Liz me esperaban. Les comenté lo que me había dicho Mary y los invité al centro comercial, pero prefirieron ir a casa a vestirse, el tiempo ya estaba corriendo y tenían mucho que hacer antes de la fiesta. Nahuel los llevó a casa y unos minutos más tarde el auto de Mike estaba en la calle, Mary bajó a prisa del auto para cederme el asiento del copiloto. - No es necesario Mary –me apresuré a decir –puedo ir atrás. - Mejor acostúmbrate a ese lugar –guiñó –amiga. Abordé en el auto que a paso veloz llegó hasta el centro comercial. El probador de la tienda exclusiva olí a perfume caro y alfombra nueva. Mientras me vestía torpemente con el atuendo que Mary eligió para mí, ella esperaba impaciente por mí. - ¡No puedes quedarte a vivir ahí dentro! –se quejó –¡sal de una vez! - Esto es… demasiado –dije al mirarme en el espejo de adentro, no era mi estilo - Lo es, es sólo que aún no lo sabes, confía en mí, mi sentido de la moda es preciso Corrí las cortinas elegantes de terciopelo para salir. Ella me miró aprobando el atuendo, me hizo girar para observar con cuidado una y otra vez, ajustando la prenda a cada cambio de pose. - No estaba equivocada –sonrió complacida –ese color resalta tu piel, deja ver tus curvas y es elegante –me miró un poco más pensativa –Quizá es un poco atrevido, pero la fiesta lo amerita, además hoy llevas un buen compañeros de baile - Es demasiado, esa no soy yo - Eres tú, querida, y ese look es perfecto para ti, estoy segura. Ahora no lo ves, pero con el peinado y el maquillaje correcto serás la sensación en la fiesta, incluso creo que podrías opacarme - Eso es justo lo que intento evitar, no soy la protagonista de la fiesta - Fer, me lo debes, me invitaste a último momento, solo ¡Hazlo! Accedí a regañadientes sólo porque me sentía culpable, sabía lo importante que era para Mary preparar sus atuendos con antelación, sobre todo para una fiesta importante. Después de visitar un par de tiendas más, Mary me convenció de comprar algunas cosas extras y un instante después estábamos estacionados la cochera de su casa. - Fer, baja de prisa –dijo Mary tras abrir la puerta para mí –le dije a Sarahí que pasaríamos por ti y que te arreglarías aquí en mi casa. Sabes que mi mamá es muy buena estilista, seguramente ya tiene la sala convertida en estética. Y así era, la mamá de mis amigos estaba desesperada acomodando cada una de sus cosas de belleza, nos apresuró a entrar a cambiarnos a la habitación de Mary, para después empezar con su labor. Comenzó conmigo, un peinado sencillo pero hermoso y un maquillaje llamativo y encantador. Más tarde, esperaba en el recibidor de la casa cuando Mike llegó hasta ahí, estaba distraído acomodando su elegante atuendo. Al levantar la vista se quedó paralizado unos segundos, me observó detenidamente, mientras yo, incómoda intentaba tapar la piel que ese atuendo dejaba a la vista. Él sonrió de oreja a oreja pero se quedó en silencio. La fiesta ya estaba en su mero apogeo cuando llegamos, lo supe porque antes de entrar al salón ya podía escuchar la música, risas y gritos de dentro. Di un paso hacia dentro del gran salón, por un segundo sentí que todo sucedía cámara lenta. Por mi cuerpo corrió una sensación extraña, incómoda a decir verdad. Sentí las miradas sobre mí, y yo sólo deseaba poder esconderme. Caminé con Mary abriendo paso entre la multitud, mientras el brazo cálido de Mike me guiaba tras ella. “Saludar y felicitar al protagonista de la noche” repetí como un mantra, para no cometer un error. - Hola Kev, fue difícil encontrarte –dije agitada tras colarme entre la multitud – ¡muy buena fiesta! - Fer ¡por fin llegas! –me miró de pies a cabeza asombrado –miré a tus amigos hace rato, pensé que llegarías con ellos. - Cambié de planes, pero aquí estoy. - Felicidades Kevin –dijo Mary de manera cordial - Muchas gracias Mary. - Felicidades –dijo Mike cortante, justo como sonaba Jess antes - Gracias –respondió Kev del mismo modo Mary y Mike le dieron un abrazo rápido a Kev, y después de entregarle su regalo le di un abrazo yo, fue algo incómodo parecía no querer soltarme, pero con un poco de cuidado me fui alejando poco a poco hasta que logré soltarme. Sonreí cordialmente y de reojo me pude percatar de que Mike estaba incómodo. - Vamos a Bailar Kevin –sugirió Mary tomándolo del brazo –Antes de que a Jerry se le ocurra verme. ¿No se enoja Ashley? - No te preocupes por ella –respondió aceptando su invitación, no sin antes mirarme de nuevo –está ocupada. Tan pronto Kev y Mary se alejaron, Mike y yo buscamos una mesa libre, de lejos miré que Jess y Liz bailaban muy divertidos, y Alex estaba muy sonriente con algunas chicas del otro lado de la pista de baile. Tan pronto encontramos un espacio, Mike y yo nos sentamos. ­- ¿Todo está bien? –pregunté - Claro –respondió confundido – ¿por qué la pregunta? - No, por nada, fue una simple pregunta –no era la respuesta que esperaba después de su actitud hacia Kev –¿Qué te parece la fiesta? - Está muy bien –admitió disfrutando de la música –pero puede mejorar. - ¿Ah sí? ¿Cómo? Extendió su mano hacia mí y se puso de pie - Vamos a bailar ¿quieres? - Sí –sonreí y tomé su mano sin dudarlo –vamos. En un momento estábamos justo al lado de Jess y Liz, disfrutando de la agradable música. Pasaron un par de horas hasta que decidimos ir por un par de bebidas y unos cuantos bocadillos, todo estaba delicioso. Había un enorme pastel al centro de la mesa de bocadillos, se veía espectacular, y claro un cumpleaños sin pastel no es cumpleaños, lo noté cuando llegó el momento de que Kev partiera el primer pedazo, cantamos a coro la canción popular de cumpleaños, y un par de chicos, sus amigos más cercanos, aventaron el rostro de Kev en el pastel. La música retumbó de nuevo en el salón anunciado que la noche aún era joven. Disfrute de aquel postre y después Jess me invitó a la pista de baile. Cuando miré de nuevo la hora, me di cuenta de que era la hora de volver a casa. Había bailado y disfrutado de la fiesta, esta vez sin conversaciones y escenas incómodas. Al final de la noche Mike nos llevó en su auto a casa. Esa noche además de Jess, Liz y Alex pasarían la noche en mi casa.
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