Capítulo 14

3412 Palabras

En la cafetería, Mateo hacia su pedido y Adam lo miraba curioso, su amigo tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada, el joven sabía que eso no era buen augurio, pero no podía quedarse callado. —Eso fue extraño —entona mirando de reojo a Mateo que seguía con la mirada perdida en los carteles sobre la pared al otro lado del mostrador. —Muy extraño —suspira Mateo—. Dios, está más hermosa, ¿verdad? —Lo está —asiente Adam. —Mierda —brama el joven—. Esto es una cagada. —Lo es —concuerda su amigo. —Me quedé paralizado cuando la vi —expresa. —Así es —vuelve a estar de acuerdo y Mateo clava sus ojos en su amigo. —¿Me estás cargando? —pregunta incrédulo y enojado. —Todos nos quedamos paralizados —explica Adam—. Si Marcelo no hubiera reaccionado, creo que ella hubiera salido corriendo.

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