Cuando Zack entró a su departamento, se recargó contra la puerta con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Quería gritar, como un adolescente enamorado. Porque a pesar de todo, así se consideraba. Cómo cuando tu primer amor muestra el mínimo interés en ti.
Noah llegó a su encuentro, mirándolo con el ceño fruncido. Zack se mordió el labio inferior, bajo la mirada interrogatorio de su rubio amigo.
—Zacky, ¿dónde estabas?—preguntó irónico Noah.
Zack lo miró mal—Tranquila mamá, me porte bien, creo.
El rubio frunció el ceño cuando Zack volvió a sonreír, sus ojos brillaron y sus mejillas se colorearon. Y Noah no tardo en entender, el moreno solo reaccionaba así o sonreía así si se trataba del Parrish.
—¿Pasó algo con Laurie?
Zack asintió rápidamente—Todo pasó, todo. Tengo una cita con Laurie.
Noah abrió su boca sorprendido, pero a la vez se alegro por su mejor amigo. Zack le sonrió, pero cambiando de tema rápidamente, preguntando que había para comer, se moría de hambre. Noah lo entendió, no iba a presionar a Zack, sabía que su amigo se lo iba a decir.
—Zackary Morell trae tu culo de vuelta aquí ahora mismo—gritó el rubio, demasiado interesado.
O bueno, quizás si lo presionaría, aunque fuera un poco.
***
Laurie se removía aburrido en la silla, mirando a Canizini hablar pero sin prestarle atención. Su cabeza daba vueltas, no paraba de pensar en el moreno.
Zack estaba bueno, demasiado para su gusto, pero nunca pensó que el moreno le correspondería. Nunca se imagino de otra manera al moreno. Su relación era formal, jamás pensó que lo de la noche anterior podría llegar a pasar, ni si quiera en sus sueños más locos. Porque sí, el más de una vez había soñado con Morell, y no en una manera apta para todo público.
—Parrish tu jugador estrella está nominado para el Balón de Oro—comentó Canizini, prendiendo un cigarrillo y llevándoselo a la boca.
Todos los demás fijaron su mirada en Laurie, expectantes. El moreno frunció el ceño, hasta entender que el mayor hablaba de Zack. El era la estrella del equipo.
Laurie se alzó de hombros—No me sorprende, se lo merece.
Canizini carcajeó—Obviamente no lo va a ganar, se necesita más de una cara bonita.
—¿Cómo?—se atrevió a preguntar Laurie.
—Se necesita talento, saber jugar, algo que tu jugador no conoce—dijo Canizini, soltando el cigarrillo.
Eso fue la gota que rebalsó el vaso para Laurie, Canizini siempre que tenía oportunidad degradaba a Zack o a cualquiera de sus jugadores. No entendía por qué, o si hablaba desde la envidia. Se levantó, metiendo sus manos en sus bolsillos delanteros de su pantalón.
—Zack no necesita ganar un puto premio para demostrar si es un buen jugador o el mejor de todos. Tengo la suerte de tenerlo, de ver lo que él es capaz. Y si tu crees que no tiene talento, no me sorprende, desconozco tu nivel de estupidez hoy en día—decía Laurie, cínico en las últimas palabras.
Fue lo último antes de salir de la sala, escuchando todos los murmullos que se acumulaban a medida de que el se alejaba, echando humos por las orejas.
Subió a su auto, arranco sin pensar dos veces en donde se dirigía.
***
El timbre sonó y Zack se levantó del sillón, eran pasadas del medio día y su estómago rugía. Agradeció al saber que la pizza ya había llegado.
—¡La pizza!—gritó Noah desde la cocina.
Zack carcajeó, avisando que el abría la puerta. Juraba que su mandíbula casi llegaba al piso cuando abrió la puerta, sorprendiéndose con quién se encontró detrás de ella.
—No traigo pizza, pero espero ser bienvenido—comentó Laurie, tímido, sonriendo de lado.
Y Laurie se golpeó mentalmente, ¿desde cuándo el era tímido? Sobre todo, ¿por qué?. Todavía no sabía de porque mierda se encontraba en la puerta del departamento de Morell, pero era algo que quería pensar después. Mucho después.
Zack se mostró alegre, sonriendo—Pasa, Laurie.
Noah agudizó el oído al escuchar ese nombre y sin perder el tiempo entró a la sala en el momento que Laurie se quitaba su saco, quedando con su camisa blanca con los primeros botones desabotonados. Malditamente sexy, pensó Zack.
—Pensé que su cita era a la noche—comentó Noah, llamando la atención de los dos.
Zack lo miró mal en el momento que Laurie tartamudeaba.
—Sí, pero pensé que sería buena idea venir, tengo una noticia que decirle a Zack—explicó Laurie torpemente acercándose a Noah—Soy Laurie, un placer.
—Noah—respondió el rubio, estrechando su mano con la del moreno.
Laurie lo miró bien, antes de soltar su mano. Zack carraspeó, llamando la atención de Laurie. El moreno lo invitó a sentarse en el sillón, preguntándole sobre la noticia.
—Bueno, quizás ya te han avisado que estás nominado para el Balón de Oro—sonrió Laurie, jugando con sus propias manos.
Zack abrió sus ojos sorprendido, sin dar crédito a lo que escuchaba. Si le habían avisado a su celular, el aún no lo había visto. Estaba feliz de enterarse a través del moreno. Laurie le sonrió y Zack creyó que quizás el castaño estaba orgulloso de el, quizás.
—¿Es en serio?—preguntó Zack atónito.
Laurie asintió, alegre—Cualquier cosa, fíjate en tu celular si no me crees.
Zack negó, sonriéndole a Laurie—No, yo te creo Laurie.
El moreno se sonrojo sin razón alguna, pero solo volvió a sonreír. Zack se mordió su labio inferior, nervioso y deseoso. De repente, quería que Laurie lo besara, que lo haga ahora. O si no, el lo besaría. Sonrió, acercándose al rostro de Laurie, inclinándose hacia el. Laurie se tensó, nervioso, pero quedo quieto, esperando a sentir los labios del moreno sobre los suyos.
Pero aquel contacto nunca llegó. El timbre interrumpió su casi beso y Zack se levantó de un salto del sillón, como un resorte. Fue ahí cuando se dio cuenta de la presencia de Noah, que este siempre había estado ahí. Noah lo miró, con el ceño fruncido antes de acercarse y abrir la puerta, era el repartidor de pizza.
Laurie, notablemente incómodo, se levantó de su lugar acercándose a Zack.
—Bien, yo solo quería decirte eso y me siento estúpido por no esperar hasta la noche—confesó Laurie riendo, tomando su saco.
Zack rió con el—Gracias, lo aprecio mucho Laurie.
—Debo irme, ¿sigue aún en pie lo de esta noche?—preguntó Laurie apuras penas.
El moreno se sonrojó asintiendo—Te espero.
Laurie salió del departamento con una sonrisa de oreja a oreja pero aún nervioso. ¿Qué le estaba pasando?