60. Chocolate amargo y segundo finalista Jonathan La veo cruzar la puerta y, en un instante, siento que la sangre se congela en mis venas. El aire a mi alrededor se vuelve denso, como si el mundo entero se hubiera detenido para obligarme a contemplarla. Su rostro luce una sonrisa que no tiene nada de inocente; es el gesto de alguien que disfruta con la anticipación del golpe que está a punto de dar. No necesito escuchar una sola palabra para entender a qué ha venido. Su presencia grita una sola intención: hacer daño. Y en ese preciso momento, sé que la calma que tanto me ha costado construir está a punto de tambalearse. —Chefs, nuestros famosos invitados estarán apoyando a cada uno de ustedes. Estarán a su lado dándoles respaldo, haciéndoles preguntas y ayudándolos a presentar su plat

