—No puedo creer que fuera tu hermana —dijo Katrina cuando nos quedamos a solas. Me senté a su lado en el sofá y la abracé. —No sabía cómo decírtelo —respondí. —Sí, no es algo que compartirías con mucha gente —dijo. Le giré la cabeza hacia mí y la besé con ternura en los labios. "¿Vamos a estar bien?", pregunté con esperanza. —Sí —dijo en voz baja—. Me gusta mucho tu hermana —continuó—. Fue raro que se me insinuara así, pero me excitó mucho —hizo una pausa, mirándome—. ¡Y a ti también! —bromeó, rodeando con su mano mi pene ya recuperado—. Supongo que esto significa que te vamos a compartir. "¿Estás de acuerdo con eso?", pregunté. "Sí, por ahora al menos", se acurrucó junto a mí y nos besamos apasionadamente mientras me acariciaba el pene. ¡Joder! ¡Esto era como un puto sueño hecho rea

