De lejos, atravesando el sueño, se comienza a escuchar un molesto sonido. Ese sonido empieza a hacerse más fuerte y consistente a medida que lo va despojando del sueño. Gruñendo y refunfuñando, Gaby manotea su celular de la mesita de noche, solo para darse cuenta que el sonido no viene de su teléfono, si no que el sonido chirriante venía de la puerta. Se gira sobre su estómago y se tapa la cabeza con la almohada, rehusándose a levantarse. La persona que está del otro lado de la puerta va a tener que irse y volver cuando se haya levantado. El sonido no para, es como si hubieran olvidado despegar el dedo del timbre. Maldiciendo a quien sea que esté del otro lado de la puerta, patea las sábanas lejos y se levanta con toda su desnudes. Se coloca un pantalón chándal y sin dejar de putear ca

