| 6 | Mansión

1285 Palabras
“El lugar más seguro puede ser el más obscuro.” * Narra Eris * Iba vagando por las calles sin mucha atención por donde caminaba, cruce una calle sin fijarme que el paso para peatones estaba en rojo, en mi caminata sin conciencia un carro apareció de la nada y el claxon sonó me asuste no lo había visto venir, me quede petrificada, por instinto y como la única cosa que me ocurrió hacer me tape los ojos y me quede inmóvil, el auto se detuvo a unos milímetros de mí, al no sentir el impacto quite las manos de la cara y mire al auto, se abrió la puerta y un hombre alto, delgado y musculoso salió del interior, camino hasta a mi y cuando la imagen fue clara lo vi. - ¿Dónde carajos estabas? - Era mi tío, grito con una cara de susto que jamas le había visto. - Llevo toda la noche y el día buscándote. - Se acerco mucho más y me abrazo. - Perdón. - Sus abrazos siempre me hacen sentir a salvo. - No encontré manera de ir a casa. - Quería llorar. - Tranquila. - Seco las lagrimas que salían de mis ojos. - Entra al auto, tenemos cosas que hacer. - Pero me puedes llevara a casa antes. - Caminamos a la puerta del auto. - Necesito darme una ducha, apesto. - Mi tío abrió la puerta del auto yo entre. - No. - Entró al auto. - Vamos a la mansión, ahí te bañas y haces lo que quieras. - Me miro mientras el carro arrancaba. - Hay asuntos de los que tenemos que hablar. No me dejo opción más que ir con él, mi tío manejo y yo me quede dormida en todo el camino el cual se me hizo eterno, después de un par de horas la mano de mi tío en mi pierna me despertó con una leve sacudida. - Llegamos. - Quito su mano de mi pierna, salió del auto y azoto la puerta. - Si quieres avienta la puerta más fuerte. - Me talle los ojos y salí del auto.— ¿A dónde llegamos? - Estaba aún un poco adormilada. - Bienvenida a la mansión, tu mansión. - Señalo la inmensa construcción que había frente a nosotros. - Aggg, cierto. - Cerré la puerta de golpe y camine hasta él. La mansión de San Petersburgo, es la mansión de mi familia y es donde mi padre suele quedarse cuando viene de visita. Se encuentra en Sestroretsk, a 52 min de Pushkin donde yo vivo, en esta casa se han cerrado miles de negocios turbios y estar en esta mansión me da mala vibra, aquí nunca puede pasar nada bueno, siempre que hay alguien en esa casa pasa una masacre. - Entra querida. - Mi tío abrió la puerta de la mansión y me invito al interior. - ¿Qué hacemos aquí? - Esto comenzó a molestarme. - Hace frío. - Esta mansión es enorme y casi nunca hay nadie aquí, así que esté lugar siempre esta extremadamente frío. - Sube a tu cuarto y báñate. - Señalo las escaleras y me miro muy sospechosamente. - Hay ropa en tu cuarto y cuando estes lista baja, tenemos que hablar de muchas cosas. - Desapareció en el largo corredor de la mansión. La mansión tiene 3 alas con 20 cuartos, el mío es uno de los más grandes, nunca he dormido y nunca he usado ese cuarto, solo para bañarme. Subí a la habitación, tengo que admitir que me encanta la decoración de la recamara, es entre colores rosas y azules, miles de fotos mías de tiene cuando era pequeña, y hay una que me gusta mucho, una imagen mía de mis hermanos junto con mi madre. Ella falleció cuando yo tenia 5 años, en un lo que fue un accidente de avión (según mi padre), mi padre se hizo cargo de mi y lo único que recuerdo de ella era su sonrisa, siempre me hacia reír incluso después de pelear. Me metí en la ducha, me quite todo el mal olor que tenía y luego me vestí, baje las escaleras y recorrí una vez más la mansión para poder volver a reconocerla aunque sabia que no me quedaría. Fui al cuarto de entretenimiento y prendí la televisión, - Señorita, pero que gusto me da verla. - Me abrazo y su perfume tipo pan dulce me abrió el apetito. - Rosa. - Devolví el abrazo. - Gracias que no has abandonado a mi padre. - Suspire y la abrace un poco más fuerte. Rosa es la chef de la mayor parte de mi vida, papá la lleva a todos lados porque su sazón es único en la vida, se la pasa viajando con mi padre, así que me sorprendía que estaba en la mansión. Es incondicional a mi padre y casi nunca se aleja de él, va a todos lados con él (incluso me atrevo a decir que lo sigue hasta el baño) y tenia que aprovechar el hecho de que mi chef favorita estaba en la mansión y la tengo solo para mí. - Le puedo preparar algo, señorita. Aunque ya va a estar la comida. - Esa sonrisa que la caracteriza y que me alegra los días apareció. - Primero, no me digas señorita. - Camine por la cocina para ver que había. - Te puedo pedir un sandwich ruso por favor. - Me gire a ella, ese es un sandwich un poco difícil pero para ella no es imposible nada. - Para ti lo que sea, te lo llevo a la sala de juntas. - Se acercó al refrí. - Además creó que te hará falta. - La mire pero supuse que era por lo que mi tío me diría. - Dale muchas gracias. Salí de la cocina, tratando de recordar dónde estaba la sala de juntas, he visitado este lugar muy pocas veces y no recuerdo nada de su organización. Abrí puertas y recorrí pasillos de abajo a arriba, sin encontrar la oficina, me dirigí al lado oeste de la mansión e hice lo mismo, a abrir puertas, recorrí pasillos, hasta que en una habitación se escucharon varias voces, una de ellas la reconocí era mi tío pero había dos voces más, que no lograba distinguir, dicen que la curiosidad mato al gato y bueno les presento al gato que tuvo curiosidad por entrar a esa habitación. Me acerque un poco más hasta que logre escuchar unas palabras pero había demasiado bullicio, la puerta estaba un poco entre abierta, me asome por la pequeña ranurita que quedaba y vi a un hombre de espaldas, alto y delgado algo atlético diría yo en un traje vino de color, de muy buen gusto, de pronto una voz interrumpió mis pensamientos pronunciando un ligero "hermano" (la voz de mi tío) en ese instante di un pequeño salto hacía atrás y mi mente voló a New York. Si mi tío estaba ahí dentro podía haber 2 personas a las que yo conocía ya las que el podía nombrar así, pero en ese instante algo en mí interior reconoció al hombre que estaba de espaldas, aunque aun mis recuerdos estaban un poco borros, había cambiado en algo. Comencé a atar cabos y entendí que el hecho de que Rosa estaba ahí no era casualidad, por instinto abrí la puerta de un golpe y con un sentimiento entre emoción y susto, tenia razón para sentirme así, pues al abrir la puerta la persona se volteo para revelar a la única persona que en estos momentos probablemente me quería ver o quizás no y que en segundos podía tumbar toda mi vida.
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