El rostro del enemigo

1385 Palabras

La mansión de Castells parecía un vestigio olvidado entre ruinas y recuerdos. En aquel sitio, miles de autos se estacionaban en la descuidada entrada, la hierba se notaba ya a la altura de las pantorrillas y los árboles secos y retorcidos, proyectaban sombras como brazos marchitos. Los invitados ingresaban a la casa sin dueño como si esta les perteneciera. Vestían con la opulencia de una gala: trajes oscuros, vestidos de seda, tacones que se hundían en la tierra húmeda. La elegancia contrastaba con la decadencia del entorno: grafitis cubrían las paredes y la pintura se descascaraba como piel vieja. Minutos después, todos tomaban asiento alrededor de una gran mesa colocada en el centro del comedor principal. No había anfitrión. Pero sí poder. Eran los lideres de cada grupo mafioso que lide

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