La primera mentira piadosa (segunda parte)

1558 Palabras
Mila caminaba fuera de la institución cuando sintió una presencia cerca de ella, Cecil la estaba siguiendo entre que su mirada parecía tímida y constante, la impresión le hizo recordar a una ardilla a quien recién le dio un bocadillo delicioso; sintió como su rostro se deformo en una mueca de desagrado, pero entonces, Cecil decidió acercársele más con tímida postura, el desconcierto que sentía Mila en ese momento por aquella reacción la volvían mas propensa a querer escapar de allí, sin embargo, en ese preciso instante escuchó a lo lejos burlas y pequeñas risillas de los demás estudiantes, por la reacción de Cecil al sujetarle fuertemente de su chaqueta asumió que ellos eran quienes lo intimidaban, sabiendo que debía hacer algo se quitó sus lentes y se le acercó. — Sabes, no siempre me tendrás para protegerte—miró seriamente al muchacho mientras este no dejaba de temblar— sígueme te sacaré un momento de este asqueroso lugar. — ¿Qué hay de las clases? — preguntó nervioso, pero tan pronto como vio, Mila se alejaba caminando en dirección opuesta, por un momento se quedó helado para luego sin dudarlo seguirla, en ese momento sus ojos que antes habían estado sin vida ahora brillaban como si hubiera visto una mañana brillante, una nueva oportunidad, una nueva vida. Fueron hasta una cafetería cerca de la institución, al ingresar la mujer solo pidió un té cargado mientras que Cecil un café con leche, ambos tomaron asiento cerca de una ventana que daba a la entrada de la institución, Mila conservaba su mirada allí como si un vigía se tratase, por su parte, el pequeño joven solo permanecía rígido en su asiento. La primera vez que conoció a la representante de aquella extraña fundación, la vio llegar en una motocicleta indicando que era de una empresa que otorgaba becas a los mejores diez estudiantes, en ese entonces, él estudiaba apenas la escuela y aunque no era el más estudioso mostraba ingenio absoluto en muchos campos, su especialidad era la Química. Cecilion Evans era un estudiante claramente talentoso en las asignaturas, pero su trauma de no recordar nada desde los cinco años, le hacía poco interesado en la vida o siquiera querer superarse, lo único que tenía era una nota en su alcoba de su hermana mayor, una persona que no recordaba ni siquiera su rostro o nombre, hasta que vio a Mila, una mujer delgada pero fuerte que a diferencia de otros ejecutivos usaba ropa oscura y chaquetas de cuero, cabello extremadamente corto y pese a su mirada amable y gentil sentía un afilado sentido de peligro, su instinto de superviviente le indicaba peligro cada vez que ella estaba cerca, incluso cuando recibió la notificación de que tendría acceso a la beca, sintió un leve pánico por esa mujer tan enigmática. Aun así, prefería contar con ella en este momento tan poco adecuado ya que sabía que ella lo resolvería todo. — ¿Quieres ver algo? — preguntó con sonrisa burlona, luego sacó un teléfono para teclear un poco y mostrar una de las cámaras de seguridad, Cecil se dio cuenta inmediatamente que era su salón de clases, y notó a los mismos chicos que habían estado molestándolos, reunidos mientras se repartían cigarros y fumaban entre sí. — ¿Cómo hiciste eso? — preguntó incrédulo de lo que veía. — La “fundación” para la que trabajo se encarga de seguridad — mintió esquivando la mirada, no quería que se enterara de la realidad. — ¿Por eso sabías que las cámaras de seguridad no tenían audio? — Algo así…— evadió de nuevo la respuesta a esa pregunta. Mila había decidido trabajar con la mafia debido a las amenazas de Simón por querer deshacerse de su hermano pequeño, sabiendo el riesgo, ella aceptó convertirse en el mejor trabajador a cambio de la seguridad de Cecil, no obstante, debía decir que el apoyo que otorgaba era de una fundación de becas y menos poder revelar su identidad, su hermano la vería entonces como una desconocida que no tiene mas relación que la de un tutor y su estudiante estrella. Considerando la edad que ahora tenía “Sili”; como le gustaba llamarlo de vez en cuando, sabía que tendría dudas y miedos con respecto a su pasado, pero no podía ni siquiera acercarse y abrazarlo por que eso comprometería la mentira que había impuesto sobre sus vidas. — Puedo mostrarte algo mucho más interesante— comentó para cambiar de tema y evadir estratégicamente las dudas de Cecil— si presionas esa pestaña roja, podrás vengarte de ellos… — ¿Vengarme? — dudó un momento mientras miraba aun la pantalla y por ella ese grupo de estudiantes que continuaban haciendo de las suyas. — Piénsalo, Sili — continuó con voz ligera mientras recibía su taza de té y bebía un sorbo de ella— ¿no te gustaría que ellos fueran responsables de sus actos por una vez? El muchacho en ese momento se sintió tentado, ansiaba ver a sus compañeros que siempre se burlaban de el siendo castigados por actos que si cometieron, casi siempre se salvaban o había alguna persona que temerosa de su alto estatus social hacía la vista gorda dejando todo tal y como estaba, eso solo provocaba que ellos continuaran a sus anchas sin siquiera preocuparse por las consecuencias, Cecil trago saliva y luego presionó aquella pestaña con los ojos cerrados, inmediatamente escuchó una sirena de alerta de incendio en la institución, seguido de todos corriendo fuera de allí como hormigas fuera de su colonia, volteó a ver el salón por su teléfono y vio como sus compañeros estaban empapados y preguntándose de quien fue la broma de accionar la palanca de incendios, los aspersores habían accionado dejando caer agua por doquier y los salones por seguridad se habían bloqueado dejándolos atrapados en medio del caos. — Descuida, solo bloquee la habitación de ese salón — respondió Mila con serenidad mientras continuaba mirando por la ventana— también me encargue de que los aspersores se activaran solo en ese sitio. — ¿Por qué? — interrogó lleno de curiosidad dejando de lado el teléfono — ¿Por qué haces esto? — volvió a preguntar ahora con los ojos llorosos, — Porque… me cae bien el conserje — respondió dejando en shock al muchacho — no quería que trabajara mas de lo necesario — su rostro estaba mirando al lugar y luego volteo a su acompañante con una ligera sonrisa— además eso solo fue una pequeña broma, que quizá les cueste un par de meses en suspensión. El joven Cecil, no sabia como darle las gracias ya que no habían hablado tanto como para ser cercanos, pero se sintió cálido y protegido por alguien por una vez en mucho tiempo, deseaba que, si su hermana estaba con vida, fuera como esa mujer frente a él, incluso deseo que Mila fuera su hermana en vez de aquella persona que solo enviaba chocolates cada cierto tiempo. Estaba por darle las gracias cuando un teléfono se escuchó timbrar del lado de la mujer, no pudo evitar darse cuenta de que ella tenía dos teléfonos, pero decidió preguntar y tomar un sorbo de su café con leche, por otra parte, Mila contestó fría y seria haciendo cuestionar si así había contestado cuando fue llamada con Cecil. — “Diga” — esa respuesta era seca y tan gélida incluso Cecil sintió un ligero escalofrío. Se trataba de Simón quien indicaba la confirmación del encargo, su voz se escuchaba fatigada y con un rasgado como si hubiera estado en una pelea, eso no sorprendió mucho a Mila, pero no pudo evitar sentir como su entrecejo se cerraba un poco con esa noticia, miró el reloj y notó que faltaban tan solo dos minutos antes de que el encargo perdiera privilegios. De inmediato cortó. — Escucha, Sili — indicó mientras marcaba otro numero sin mirar— el mundo es cruel, yo soy cruel, y ellos también lo serán, pero no importa que tan crueles seamos todos… siempre hay una pequeña debilidad de la cual tirar como pequeños hilos. — ¿Qué hago entonces? — preguntó intrigado por esa llamada. — Aprende esa debilidad y se mas fuerte que ellos, sé que podrás defenderte de ellos y manejaras todo de la mejor forma, solo se un poco más inteligente y astuto. — ¿Y si no soy tan inteligente como ellos? — No te subestimes y tampoco sobreestimes a los demás, siempre hay algo. Mila se levantó y tras escuchar el “Habla con el distrito” respondió un “se acepta en contrato” se despidió del muchacho y con paso veloz se dirigió a la institución casi obligando a que su acompañante le siguiera corriendo, notó como todos estaban preocupados y los mismos estudiantes que vio en pantalla eran llevados a un salón seguido de autoridades todas estropeadas y descuidados por los aspersores, en cierta forma había mentido, en realidad había activado los aspersores en el salón y en la junta de profesores y otras autoridades, montó su motocicleta y salió disparada del lugar dejando a Cecil quien aun miraba el extraño caso de los aspersores. El pedido había sido aceptado a dos horas y cincuenta y nueve minutos, ha pasado ahora tres horas en punto desde el encargo.
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