¿Le avisaste a alguien que llegabas?
—No, no estoy de vacaciones, vine por trabajo, Seba. Voy a estar quince días, a vos te lo dije antes de ayer cuando me lo confirmaron, pero no tuve tiempo de nada más… tal vez cuando vea mañana la agenda coordine algo, o podés hacerlo vos. —Me miró y entendí—. ¡Ah, no…! Cierto, nadie puede saber que hablamos —dije saliendo a la autopista.
—El sarcasmo no te va, Irina.
—En cambio a vos, la boludez te queda pintada. No entiendo qué estás haciendo, realmente; no entiendo por qué cogés conmigo, arriesgando tu relación y tus bolas, si tenés tanto miedo.
—Ese, en tal caso, es mi problema —dijo enfatizando el “mi”—, vos sabés que sos una adicción para mí y que siempre fuiste, sos y serás la única mina con la que vuelvo siempre sin importar con quién esté.
—Horrible definición, la verdad; me jode y mucho.
—No entiendo por qué.
—¿Qué soy?, ¿un agujero seguro adonde ponerla?
—No, Nina; sos la única persona por la que me jugaría las bolas, una y mil veces. Pensé que había quedado claro la última vez que hablamos.
—No, la verdad que no… pero ¿sabés qué?, acabo de aterrizar después de doce horas de vuelo, voy a llevarte a tu depto, me voy a ir al mío a darme una ducha y a salir a caminar por plaza Francia. Las veces pasadas no lo hice y estoy extrañando, voy a aprovechar a comprar algunas cosas para llevar. Vos podés dormir tranquilo, lamento la espera y…
—¿Terminaste? —interrumpió.
—No…
—Sí, terminaste. Vamos a ir a tu depto y te voy a coger hasta que digas basta, a gritos.
—¿Mc Donald’s o Starbucks?
—Café Martínez.
—Ok, Pani.