Alessia: —¿Viste que Ángel estaba babiado cuando te vio entrar vestida de novia? —preguntó, sonriendo de oreja a oreja—. Jaja, y eso que se estaban casando.
Eira: —Jajaja, sí, parecía que se le iban a salir los ojos —dijo, quitándose el velo de la cabeza con una sonrisa traviesa—.
De repente, un golpe suave pero firme en la puerta rompió la alegría del momento.
—Señorita Eira, ¿puedo pasar? —se escuchó la voz de una mujer tras la puerta, con tono respetuoso.
Eira asintió y la puerta se abrió lentamente, revelando a una mujer de unos 45 años, con el cabello corto y n***o, ojos color café y piel morena clara. Vestía un uniforme de trabajo y en sus manos llevaba una bandeja con dos vasos de una bebida que parecía limonada.
La mujer sonrió ligeramente, pero en sus ojos había una sombra de preocupación que parecía esconder algo más allá de su simple presencia.
—Perdón por interrumpir, señorita, pero el dueño de este hotel manda este presente a la novia —dijo, mientras colocaba la bandeja frente a Eira con delicadeza.
Eira, confundida, miró la bandeja y luego a la mujer. Se inclinó un poco y, con una sonrisa amable, dijo:
—Muchísimas gracias.
La mujer asintió y, con una reverencia respetuosa, se retiró lentamente, cerrando suavemente la puerta tras ella. Eira miró la bandeja unos segundos, con una expresión pensativa, sin quitarse la sonrisa.
Alessia, alzando una ceja y con tono irónico, comentó:
—¿Qué crees que considere el dueño del hotel por mandar bebidas a una recién casada? —tomó un vaso de limonada de manera despreocupada y le dio un sorbo.
Eira respondió con tranquilidad, tomando el segundo vaso de la bandeja y dándole un sorbo:
—Solo será un regalo de boda. Nada más.
De repente, Alessia frunció el ceño y se llevó una mano a la frente, diciendo con voz débil:
—Me está empezando a doler la cabeza muy fuerte...
Eira se dispuso a ayudarla:
—Espera, te voy a traer unas pastillas para que se te quite.
Pero justo en ese momento, Alessia empezó a marearse aún más. Su vista se volvió borrosa y, antes de que pudiera reaccionar, se escuchó un golpe sordo, como si alguien cayera al suelo. La mujer cayó al suelo en silencio, y en un instante, todo se volvió n***o.
una voz desconocida susurró:
—Ya está su encargo, señora. Ahora, ¿qué hacemos con ellas?
Otra voz, también desconocida, respondió rápidamente:
—Un coche está esperando. Vamos a moverlas cuanto antes.
Eira, apenas despertando, comenzó a escuchar unos llantos desconsolados que parecían cercanos. La voz de alguien clamando por ayuda, llena de desesperación y miedo. Su corazón latía con fuerza, intentando comprender qué sucedía, pero todo estaba aún borroso en su mente, y un fuerte dolor de cabeza comenzó a apoderarse de ella.
De repente, un crujido suave pero persistente llamó su atención, seguido de una sensación fría y áspera que le rodeaba las muñecas. Sintió cómo unas sogas apretaban sus manos, que estaban atadas firmemente. Luego, una tela húmeda y áspera cubrió su cabeza, ocultándole los ojos con una venda que le impedía ver absolutamente nada. La oscuridad la envolvió por completo
De repente, en el silencio oscuro, se empezó a escuchar el potente rugido del motor de un tráiler
Junto al retumbante ruido del motor, se escucharon voces masculinas, frías y deshumanizadas. Sus palabras eran cortas y abruptas, como si ordenaran algo con autoridad.
—es hora de irnos —La voz grave se filtró en la oscuridad, cargada de autoridad