Capitulo dos: algo duro

603 Palabras
Argenis estaba tan ansioso por ver a su preciosa Jade que llegó media hora antes de lo que habían quedado al restaurante donde sería su cita, un mozo del lugar se acercó pero le dijo que estaba esperando a alguien y que lo haría por un tiempo, explicándole que iba a ser así porque era ansioso y había querido llegar antes porque estaba emocionado por ver a su novia (aunque al mozo no le interesaba para nada y mostró que fue así ya que lo miró con mala cara y se fue lo más rápido que pudo). El restaurante estaba bien, no era de comida rapida o algo de ese estilo pero tampoco un cinco estrellas. Era anticuado, con una decoración un poco de los cicuenta y muy enfocada en el verde y color crema. Era el restaurante preferido de Argenis, recurrentemente iba a desayunar ahí antes del trabajo. Luego de que el mozo se retirará, sacó su teléfono de su bolsillo y comenzó a jugar unos de los juegos que había bajado, aunque no prestandole mucha atención y perdiendo todas las partidas por esa razón. El juego era tonto, solo se trataba de un nene saltando monstruos y perdiendo cuando tocaba a uno. Y solo lo había descargado para tener algo con que perder el tiempo. —¡Argenis! —Lo llamó la castaña, moviéndose un poco en el lugar para llegar hasta su novio. Levantó la mirada de su celular a la cara de su novia al escuchar su aguda voz  llamarlo y sonrió ampliamente al verla con una bonita sonrisa en su rostro, había perdido nuevamente el juego pero esta vez le importó menos que las otras. Se levantó de su asiento para saludarla como se debía y así lo hizo cuando estuvo parado frente a ella, envolviendo la pequeña cintura de su chica con sus brazos y besándola fugazmente en los labios, aunque moviendo estos un poco sobre los de ellas, no haciendo que pase más de un roce de labios. Jade estaba vestida con un vestido n***o ajustado hasta la cintura y que se abría en de la cadera y piernas. Era tableado y tenía un escote recto. Estaba maquillada sutilmente, con rubor en su mejillas, sombras y mascaras de pestañas, acompañada con un brillo labial. Y calzaba unos tacones. Argenis simplemente vestìa con la ropa con la que salió de trabajar. —Te extrañé, mi amor. —Le murmuró, cuando se separó de sus labios, cortando el beso. Besó dulcemente los labios de la castaña de nuevo, solo tocando estos con los suyos, mientras con sus brazos la acercaba más a su cuerpo, cuando ambos cuerpos estuvieron pegados el de ojos verdes sintió algo extraño y duro rozar contra sus muslos. Argenis frunció el ceño confundido antes esto pero como supuso que era parte del vestido de la joven dejo de interrogarse mentalmente por ello, ella vestía muy bien ¿que importaba si sus prendas tenían una forma extraña y dura cerca de donde van las partes intimas de su novia? El de rizos la soltó y ella, aún sonriente, se acercó a la silla del frente a la que estaba antes sentado y se sentó, cruzando sus piernas bajo el largo mantel, como toda una dama, volvió a su lugar y llamó al mozo para que pudieran pedir sus cenas. Cuando llegó en vez de pedirle de inmediato los menúes, lo que hizo fue contarle que su novia ya estaba con él y ponerse a explicarle cosas de nuevo, como a hablar del vestido que tenía ella, y no le interesaban en lo más mínimo, mientras Jade reía porque su novio era un tonto y sabía que estaba molestando al mesero apropósito. 
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