Capítulo cinco: pechos extrapequeños

772 Palabras
Argenis últimamente había estado obsesionado con los pechos de las mujeres y no sabía por qué, cuando caminaba por las calles se les quedaba viendo aquella parte de las chicas que pasaban cerca suyo. Eso le hacía sentir mal,  tenía una novia, a la que, por cierto, no le conocía los pechos. No es que había sido una decisión suya, sino de ella, él creía que seguramente era porque sentía inseguridad de ellos ya que eran pequeños. Pero eso no le importaba al rizado, a él le gustaba ella tal y como fuera. A él siempre le había gustado jugar con los pechos de sus parejas pero nunca había tenido una obsesión con ellos como la tenía ahora. Con Jade no lo había hecho todavía y estaba planeando hacerlo, aunque debía ir lento con ese tema, a ella parecía no gustarle y él no quería forzarla a nada tampoco. Ese día ella vendría a su casa para ver algunas películas como suelen hacer una que otra noche de la semana, habían planeado ver esa noche dos películas de terror que ella eligiera. El rizado caminó de su habitación hasta el living de su apartamento en cuanto sintió la puerta, anteriormente había preparado la cama y la televisión para que pudieran ver películas, también había hecho palomitas de maíz. Atrás de la puerta se encontraba Jade con un vestido azul que la hacía lucir preciosa era ajustado pero llegaba por debajo de sus rodillas. La prenda resaltaba sus curvas a la perfección, especialmente su trasero. Argenis la tomó por la cintura haciendo que entré en la habitación y la besó suavemente en la boca, moviendo sus labios con lentitud sobre los ajenos, sin profundizarlo. Terminó cortando el beso con una amplia sonrisa, nunca se cansaba de ver a su novia, aunque lo hacía seguido. Creía que nunca se iba a cansar de ella, cuando pasaba varios días sin Jade, se sentía triste y llegaba a extrañarla mucho. Esto nunca le había pasado con una chica. Antes de Jade, era el típico chico que solo usaba a las mujeres para una noche y nada más. Juntos caminaron hasta la habitación, al entrar, ella se recostó sobre la cama y él fue a buscar las palomitas de maíz y los vasos con refresco a la cocina. Cuando volvió Argenis se encontró con Jade media sentada sobre su cama, su cabeza y parte de su espalda estaba apoyada contra el respaldar de la cama y sus piernas estaban cruzadas de forma muy femenina. Ella le sonrió al verlo entrar e hizo una seña, indicándole con ella que se acercara.        En medio de la primera película que verían durante la noche, en una parte donde la pareja protagonista estaba por tener relaciones, Argenis le llamó la atención y la besó con desesperación, invadiendo su boca con su lengua. Llevó una de sus manos al costado de su cintura e hizo que ella girara su cuerpo hacía él, pegando ambas anatomías. Luego de unos minutos del caliente beso sintió eso duro en el muslo de la castaña, como casi todas las veces que se besaban de esa forma, ésta vez como las anteriores el rizado ignoró ese detalle y se concentró en la boca de la castaña.   Argenis comenzó a bajar sus labios por el cuello de su novia con besos húmedos y calientes, pasando sus dientes por la sensible piel. Al comienzo, se tensó un poco pero luego se fue relajando y soltando pequeños gemidos. Cuando él con su boca llegó a la altura de sus clavículas la castaña se volvió a tensar, él ya había supuesto que le sería difícil a ella esto pero quería hacerlo de toda forma pero claro que no forzándola, el rizado sabía que le iba a terminar gustando a ella. El de rizos se ayudó con una de sus manos y comenzó a bajarle el vestido por una de sus mangas primero y luego con la otra. Dejó al descubierto sus pechos y los observó, estos eran diferentes a todos los que habían visto antes, parecidos a los de un chico, a los de él. No los pechos, porque claro que él no tenía pechos, pero se entiende. Igual no dijo nada sobre eso calmando así a la castaña y acercó sus labios a uno de sus pezones, al principio lo lamió suavemente rodeando la a*****a, para no asustarla pero cuando vio que ella comenzó a disfrutar lo llevó a su boca y empezó a succionarlo con fuerza. Con su mano acariciaba el otro pezón, logrando que ella suelte un fuerte y agudo gemido, ésta acción entusiasmó y excitó al rizado. Había encontrado otra cosa que excitaba a su novia.
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