Extrañamente, Aziz no le volvió a mencionar algo sobre las bragas o lo que dijo que se vería lindo con vestido y tacones, pero estaba extraño, muy extraño. No en el sentido de indiferente o distante, nada de eso; sino todo lo contrario, estaba más cariñoso y pegajoso, pero lo que más le llamaba la atención eran sus miradas. Ocultaba algo o quería decirle algo que no le decía. Santiago lo sabía lo conocía muy bien. Le dedicaba miradas confusas y misteriosas; eran compinches, como las que le hacía cuando eran chicos y hacían una travesura juntos, no estaba ni cerca de que los descubrieran por sus travesuras, eran extremadamente cuidadosos, pero si lo podían hacer por las delatadoras, para él, por lo menos, miradas de Aziz. Tenía un brillo especial en los ojos cuando tenía esa mirada. Santi

