Cíen por fin reaccionó al ver con horror que la fantasía en su cabeza era ahora una realidad. La pálida piel de Isa tenía las distintivas marcas de aquel castigador plano y de madera de cedro. En ella también habían cardenales desde el más oscuro violeta hasta un verde grotesco, sin contar las zonas enrojecidas e hinchadas que tenían más realismo que cualquier 3D. Delgados hilos de sangre rodaban saliendo de las zonas donde golpeó varias veces seguidas y sus brazos cansados le dieron alarma para mirar a Isa, desplomada en la cama, al borde del desmayo. -¡Mierda!- dijo aterrado soltando aquel accesorio y corriendo a tomar el rostro de Isa en sus manos- ¿Isabella, Isa, oye?- dijo dando suaves cachetadas en sus mejillas y causando de que Isa saliera del aturdimiento en el que había caído des

