Los Cuatro Señores

1705 Palabras

Dante estaba aburrido. Observaba con desdén la ciudad que se veía desde lo alto del castillo de Morgana. Siempre había odiado estos largos periodos de inactividad, de aburrimiento. En eso, sintió que alguien se acercaba a su habitación y escuchó que tocaban la puerta. —Pasa —dijo Dante con voz desganada. La puerta se abrió y uno de los sirvientes dio un paso dentro del cuarto. Era Laeme, el eifro que siempre lo atendía en el castillo. —Am Irio, Mirie Morgana lo solicita en el estudio —dijo el sirviente con mucha parsimonia. Dante lo observó con calma. No le provocaba caminar, pero a lo mejor Morgana tenía algo interesante que decir. —Iré en este momento, pero necesito que hagas algo por mí —comentó Dante mientras se incorporaba. Laeme lo miró con preocupación y empezó a hablar con mu

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