Jagger observó preocupado el sitio donde habían estado los farcrams. Así, sin más, se habían esfumado. Su plan había funcionado tal como él quiso, excepto por su súbita derrota contra la oscuridad; eso había bastado para que los farcrams se convirtieran en enemigos formales del Caído, los Máximos y, por lo tanto, de la humanidad. Levantó la cabeza y dejó que Aquiles lo ayudara a colocarse de pie. Observó a Morgana, la cual había perdido su sonrisa, y entendió perfectamente la situación. —Ya basta, Morgan, sé que eres tú y tus marionetas —dijo Jagger mientras se sujetaba el hombro derecho tratando de soportar el dolor del veneno. —¿Morgan? —repitió Aquiles— Querrás decir Morgana, Jagger… —empezó a decir el gigante, pero se calló al observar lo que sucedía frente a sus ojos. Las figuras

