"Claro que no lo es. ¿Qué quieres hacer?", preguntó, sosteniendo mi mano. "Quiero volver al gimnasio y también al boxeo, pero mírame, ¿cómo podría hacerlo?", comenté. "Te haría bien ir al gimnasio", murmuró, y giré mi rostro haciendo una mueca. "¿Por qué estás gordito?", preguntó entre risas mientras me abrazaba. Sentí su fresco aroma a jazmín mientras la tomaba de la cintura. "Para mí, eres perfecto, pero creo que hacer actividad física nos haría bien. No tengo mucho tiempo para ello", expresó. "¿Por qué no vienes al gimnasio conmigo?", propuse. "Nunca pisé un gimnasio", comentó, y empecé a reír. "¿Cómo que no? Tienes un buen cuerpo", murmuré avergonzado, y ella sonrió. "¿Te gustan mis curvas?", susurró en mi oreja, lo que me hizo temblar un poco, porque aún no estaba preparado pa

