4. La Persona Incorrecta

1269 Palabras
Venus Sus ojos no eran de este mundo, eso podía asegurarlo. Su color, su forma de mirar, todo en ellos gritaba perfección. —Venus Clark —Steve me sonríe en forma de saludo y yo lo imito. —Steve —respondo lo más serena que puedo. —¿Todo bien? —él apoya su mano sobre mi mesa y yo desvío la mirada hacia otra parte, fingiendo desinterés. —Todo bien, ¿Qué tal tú? — vuelvo la vista hacia él y enarco una ceja. —Todo genial —responde, mientras toma asiento frente a mí—. Escucha, he estado observándote por un tiempo y pensé en que tal vez te gustaría salir conmigo. Mi corazón estaba por colapsar... Steve Schmidt estaba pidiéndome una cita. Parecía que el mundo estaba de cabeza, porque a pesar de haber empezado de la peor manera, ahora estaba terminando bien, quizá hasta de la mejor forma posible. Sonrío y lo miro directamente a los ojos, mostrándole seguridad pues, aunque me gustara muchísimo tenía que demostrar que yo valía más que una preciosa sonrisa y una maravillosa cita. Toda mi vida pedí un amor de cuento de hadas y ahora tenía la oportunidad de tener una historia así con Steve, pero tenía que asegurarme de que fuera así, no quiero hacerme de muchas ilusiones solo por su cara bonita y sus acciones de caballero. —¿Pasas por mí a las siete? —me levanto y me preparo para irme, Steve sonríe y asiente. —Estaré ahí a esa hora. —Sé puntual. Salgo de la cafetería y una sonrisa involuntaria sale de mis labios. Estoy por salir con Steve en una cita oficial, creo que no puedo pedir algo más bueno. Después de todo este pueblo no parece ser tan aburrido como yo pensaba. Llego a mi taquilla y comienzo a meter varios de mis libros, cuando alguien cierra la puerta de golpe, casi arrancándome la mano. Me giro, lista para madrear a la persona que casi me lastima, cuando me doy cuenta de que es el profesor de historia. Probablemente espera que le cuente sobre mi "enfermedad", claramente inventada por Monique. Que te den, Monique. —Profesor —trato de hablar lo más normal posible—. ¿Cómo está? —el profesor me mira, sus brazos cruzados y con su típico gesto que muestra cuando está molesto. —Venus, creo que no hace falta preguntar por qué estoy aquí ¿Correcto? —bajo la mirada y asiento, preparada para mi maldito castigo. —No, señor —susurro. —A mi salón, ahora. Ambos echamos a caminar en dirección al salón de Historia y yo empiezo a imaginar todas las formas de tortura que puedo aplicar contra Monique. A pesar de que es mi compañera y me ha ayudado en algunas ocasiones, sé que es de esas personas que hace todo con doble intención, por lo que jamás es conveniente hacer tratos con personas como ella. Llegamos al salón y él cierra la puerta, para luego sentarse detrás de su escritorio a escribir una boleta para mí con la palabra “detención” en ella. Ruedo los ojos y dejo salir un suspiro, resignada a que mi día sí está arruinado por completo. El profesor termina de escribir sobre el papel, pero antes de dármelo, me mira y me da una pequeña sonrisa. —Debería darte tres días de detención, pero antes de hacerlo quiero saber por qué no viniste a clases —frunzo el ceño, sorprendida por lo que dice—. Eres de mis mejores alumnas y realmente no creo lo que ha dicho Monique. No eres de esas que faltan a clases porque sí, así que me gustaría conocer tu versión. Asiento y aplaudo internamente por esta oportunidad. Al parecer el no faltar a clases y ser responsable con el profesor tiene sus ventajas. —Esta mañana no escuché mi alarma, por lo que me desperté tarde, —confieso— y cuando había llegado aquí ya llevaba veinte minutos de retraso, por lo que no entré pensando en que usted me regañaría. Creo que no fue una decisión muy sensata —me encojo de hombros, esperando que entienda mi posición. El profesor asiente y escribe sobre el papel el número uno, para luego tendérmelo y dedicarme una pequeña sonrisa. Yo miro el papel y luego lo miro a él. —¿Solo un día? —pregunto. —Me gustan las personas que son honestas, Venus; y porque tú eres una de ellas no voy a ponerte un castigo muy fuerte. —De verdad se lo agradezco, profesor Battaglia —sonrío—. Prometo que no volverá a suceder. —Confío en que no será así, Venus.   Llego al bosque, emocionada por contarle todo a mi acosador, pues de alguna manera él me agrada y siento que puedo contarle cualquier cosa. Me siento sobre una roca y decido esperar a que me envíe un mensaje, pero no sucede. No sucede durante 20 minutos. Venus: Me invitó a salir. ¿Puedes creerlo? La respuesta que espero no llega. Venus: ¿Hola? Venus: Desconocido... ¿Estás ahí? Diez minutos. Venus: Oye. Venus: Esto no es gracioso. Pasan 20 minutos más y no recibo ninguna respuesta, por lo que me harto y me levanto de la roca, dispuesta a irme, pero un mensaje llega en ese momento. Desconocido: Veo que estás en el bosque. ¡Vaya que es inteligente! Venus: Finalmente respondes. Desconocido: Sí. Venus: ¿Por qué no me respondías? Sentía que estaba siendo un poco entrometida y posesiva, pero realmente me molestaba que no me diera respuesta, sobre todo porque lo esperé durante mucho tiempo. Desconocido: Estaba ocupado. Venus: ¿Haciendo? Desconocido: Golpeando un saco de box. Frunzo el ceño, confundida por lo que ha estado haciendo. ¿Lo ha hecho por ejercicio o porque está enojado? Venus: ¿Por qué? Lo siguiente que responde parece tener un efecto negativo en mí. Desconocido: Nada que te importe. Venus: Vaya, alguien está de mal humor. Desconocido: ¿Y? Venus: ¿Puedo saber qué te sucede? Desconocido: No. La rabia comienza a apoderarse de mí. ¿Cómo es posible que en la mañana fuera completamente amable conmigo y ahora se comportara como un idiota? Eso realmente me enfada, sobre todo porque no soporto a las personas así. Venus: Eres un idiota. Desconocido: ¿Y qué si lo soy? Si tan idiota te parezco deja de hablarme y ya. Mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Venus: ¡Pues creo que eso es lo que debo hacer! Imbécil. Sin más, guardo mi celular en el bolsillo de mis pantalones, tomo mi bolso y camino hacia la salida del bosque; las lágrimas aun bajando por mis mejillas. No podía creer que se comportara así conmigo, yo no le había hecho nada, ni si quiera lo presioné con su identidad como para que me trate de esa forma —Puedes irte al carajo —susurro y continúo caminando. Honestamente no necesito más personas tóxicas en mi vida, cosa que parezco atraer más seguido. No sé si se trata de una burla hacia mi persona o de algún obstáculo que debo vencer, pero estoy cansada de todo esto. Pensaba que este pueblo no era tan malo, pero creo que me equivoco en todos los sentidos. Este sitio no es para mí, no se supone que deba quedarme estancada aquí. Debo dejar de pensar en las personas que me perjudican y comenzar a enfocarme en lo que realmente importa... mi libertad. Llego a casa y lo primero que veo al entrar es a mi madre sentada sobre el sofá. Ella levanta la mirada y me da una pequeña sonrisa, para luego brindarme un espacio. Sin dudarlo me lanzo al sofá y me recuesto en sus piernas, deseando su calor. Ella comienza a acariciar mi cabello y da un beso a mi frente, lo que me relaja completamente. Si hay un lugar al que realmente pertenezco es al lado de mi madre.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR