Eros Casi me da un infarto cuando revisé las cámaras de seguridad del pasillo y estaban apagadas. Es raro y sumamente sospechoso, sin embargo, cuando abrió la puerta vi en su rostro que no estaba enterada de nada, pero aun así revisé el apartamento por las dudas tenga alguna de las ventanas forzadas. Después quise descargar mi furia con ella por no atender a mis llamadas, pero verla realmente aterrada me derritió como un cubo de hielo al sol. No soportaría que algo le volviera a pasar, y es que teniéndola ahora en mis brazos se siente bien, que digo bien, si se siente perfecto. Nunca sentí tanto calor en mi pecho como en este momento en el que ella se aferra a mí para que la proteja y lo juro por lo más sagrado que puede llegar a existir, que lo voy a cumplir hasta el último de mis días

