Eros El mensaje de Travis me hace soltar un gruñido de enfado y lanzar el móvil contra el sofá de la sala, no más poner un pie dentro de mi apartamento y ya estoy furioso hasta los huesos. No fue suficiente tortura resistir a mis instintos posesivos durante casi toda la semana como para también tener que soportar que le ande regalando sus sonrisas y permita que el maldito turco la manosee y la bese delante de mis narices. Luego creí que la balanza se inclinaba un poquito a mi favor al ver que se estaba poniendo roja de los celos al ingresar en la sede de Interpol, pero ni siquiera la sensual secretaria de Trav pudo con ella, en cuanto se le dio por tratarla como a una niña ya sabía que sería imposible parar la tormenta que se generó en torno a sus ojos, he aprendido que cuando se enfure

