Llegamos a México agotados, yo estoy adolorida. No quiero tomar la medicación para que Thomas no se alarme. Nos estamos hospedando en un hotel lujoso. Tiene muchísimas habitaciones, dos piscinas, dos gimnasios, un casino, un bar bellísimo, una sala de lecturas y una sala de juegos; es enorme el hotel. Tiene el restaurante en el último piso del edificio, desde allí se puede observar toda la ciudad. En las horas que se ausentaba Thomas, yo me dedicaba a recorrer cada espacio del gran hotel, caminando lento. La primera noche, Thomas quería que fuéramos a cenar afuera del hotel, pero como sentía mucho dolor le propuse pedir comida en el restaurante del hotel y que nos la subieran a la habitación. Es una de las mejores suites, cuenta con un hidromasaje. Por lo tanto, para finalizar nuestr

