Llegado el momento oportuno nos reunimos todos los presentes en el patio de la institución. Las personas encargadas de servir cumplieron con su tarea de llenar las copas de vidrio de los invitados para luego brindar. A demás, se les repartió un globo blanco inflado a cada uno de ellos. Primero Thomas y yo dijimos algunas palabras por micrófono, contamos una que otra anécdota que vivimos los dos junto a London. Reímos, nos emocionamos, lloramos. El discurso fue espontáneo y natural que conmocionó a todos. En varias oportunidades nos sentamos con Thomas para escribir un discurso, pero nos pasaba que no podíamos escribir nos emocionábamos y el discurso no fluía. Fue breve de tan solo unos minutos. Una vez que finalizamos invitamos a todos los presentes a soltar los globos hacia el cielo. En

