Aron: Sus piernas temblaban tanto, o más aún que sus húmedas manos, las cuales lograban sujetar el arma a duras penas. Desde que Kallias se la había entregado, el peso de la misma había incrementado de forma notable a causa del chip de rastreo, logrando que sus escasas fuerzas se concentrarán en sujetar con firmeza el arma. El no era un hombre de fuerza bruta ni impulsos bestiales, por el contrario, se consideraba a sí mismo un ratón de biblioteca sin biblioteca; un ñoño sin acceso al conocimiento, algo que le dolía en el alma más que la herida de cualquier disparo. Pero todo eso cambiaría muy pronto con el dinero de aquel trabajo. Si bien en ese momento todo le parecía demasiado arriesgado como para tan siquiera intentarlo, él sabía muy bien que en un par de meses todo esfuerzo daría

