Salgo corriendo de mi cubículo, directo al baño, al llegar aquí me permito llorar, lloro por mi, por ser tan tonta e ilusa, por mi madre que ya no esta, por creer en ese desgraciado, le había dado lo mas preciado de una mujer y el me boto como trapo viejo después de usarme, pero no lo tendrá fácil, jamás me he rendido con ningún golpe que me a dado la vida, así que este tampoco, con perder a mi madre bastaba. Salgo del baño luego de lavarme la cara, me dirijo al departamento legal —Buenos días señor Derek, vengo por el contrato y el acuerdo prenupcial. —Buenos días preciosa por favor solo dime Derek, me hace sentir mayor y apenas tengo veinte y ocho. —Está bien Derek, entonces dígame Maritza—contesto dándole la mano con una sonrisa —Entonces Maritza que te parece si te invito almorzar

