Carmen nunca había sido la amante de nadie, de hecho la realización del acontecimiento todavía la dejaba anonadada. Siempre se había hecho a la idea de que nunca, jamás estaría con una persona que estuviera comprometida con alguien más, era una de las cosas más importantes a preguntar en una relación y ella educadamente siempre hacía la pregunta. No deseaba ser acosada por alguna esposa enfadada que la persiguiera en el centro comercial para preguntarle quién era y por qué su esposo la guardaba en sus contactos como la “prima María” o no quería que una novia traicionada le escribiera preguntándole por qué su novio de hace siete años le escribía mensajes románticos a ella. Era algo que detestaba y que siempre había intentado evitar con todas sus fuerzas, también por ella y porque en su fami

