10 - Nail Kingahan

815 Palabras

—¡¿A dónde vas, Corin?! —gritó mi mamá llamándome por mi primer nombre cuando me vio pasar. La ignoré y corrí lo más rápido que pude. "Maldita sea, Anghelo..." Pensé, mis pulmones ardían, pero, como estaba acostumbrado a correr diez kilómetros por las mañanas, no me afectaba tanto. Llegué al bar Estrella Fugaz más rápido de lo que esperaba. Agradecido por eso, empujé a todos y entré al lugar. Lo busqué por la barra hasta que lo vi, con la cara pegada a ella. Ahí fue cuando la presión en mi pecho se soltó un poco, dejándome respirar otra vez. Me acerqué a él y toqué su hombro. —Anghelo —lo llamé. Abrió solo un poco los ojos y me miró, tenía los ojos rojos y apestaba a alcohol. El cantinero se me acercó, y dejé un moño de billetes en la barra—. Págate —dije, simplemente. Tomé el teléfono

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