Cuando estuvieron vestidos de desnudez, como dos lombrices que se mueven a juntas, Svetlana le había dicho que no deseaba embarazarse. Él debía ponerse un preservativo. Esta observación había hecho sonreír a Franck. Nunca había imaginado aventurarse sin esta protección. En cambio, había apreciado que ella se preocupara de ello. Alcanzó dos cajas en un armario, para dejarla escoger el modelo que prefiriese. Obviamente, Franck había anticipado la ocasión. Svetlana había rechazado la marca que no conocía. Este discernimiento había hecho gracia a Franck. Los dos eran buenos. Franck se inclinaba incluso más por la otra marca; más delgados, proporcionando por lo tanto mayor sensación. ¡Qué importaba! Le parecía importante que su compañera se sintiera en confianza. Se puso el condón que Svetlana

