Epílogo.

1044 Palabras
Golpes de seda El mediodía caía espeso sobre la ciudad. No importaba cuál fuera; todas se parecían cuando el miedo mandaba. El chico caminaba con pasos cortos, medidos, como si ya hubiera aprendido que correr solo atraía problemas. Tenía trece años. Trece mal contados. Delgado, huesos marcados, la camiseta un poco grande, heredada de alguien más. Las manos pequeñas, pero firmes. Demasiado firmes para su edad. En el bolsillo derecho llevaba el arma. No la miraba. No la tocaba. Sabía que estaba ahí, como sabía que el sol quemaba y que la sangre manchaba. Era parte del paisaje. Había crecido escuchando órdenes antes que canciones de cuna. Su padre estaba preso desde que él tenía memoria; un nombre temido en los pasillos de la cárcel y un fantasma en la casa. Su madre sobrevivía como podía, con el miedo instalado en la mirada y una fortaleza silenciosa que nunca pidió aplausos. Tenía una hermana menor a la que protegía sin saber cómo, y una mesa donde nunca sobraba nada, pero tampoco faltaba el silencio. A esa edad ya sabía disparar. A esa edad ya sabía obedecer. Y, peor aún, ya sabía no sentir. No preguntó por qué ese hombre debía morir. Nunca lo hacía. Le dijeron dónde pararse, cuándo esperar, cuándo apretar el gatillo. El sonido fue seco. Breve. Definitivo. Después vino la huida, el corazón desbocado, las manos temblando solo unos segundos. Luego, nada. Así empezó todo. Primero fue mensajero. Después vigilante. Luego ejecutor. El miedo se le fue cayendo del cuerpo con los años, como una piel vieja. Lo reemplazó algo más peligroso: costumbre. Y la costumbre se volvió talento. A los dieciocho ya lo buscaban. A los veinte ya lo respetaban. A los veinticinco, su nombre no se decía en voz alta. Dieciocho años después, el espejo devolvía otra imagen. Treinta y un años. Corte militar, bajo y parejo, impecable. Mandíbula firme, mirada oscura, calculadora. El cuerpo trabajado con disciplina: músculos fuertes, proporcionados, sin exceso. El cuerpo de alguien que pelea no por espectáculo, sino por control. Le gustaba oler bien. Vestirse bien. Trajes sobrios, relojes caros —más por precisión que por ostentación—, anillos discretos, zarcillos pequeños en las orejas, casi imperceptibles. No usaba cadenas. No las necesitaba. Era boxeador por elección, no por necesidad. El ring era su válvula de escape. Ahí canalizaba la violencia que nunca se fue del todo. Ahí podía golpear sin consecuencias legales, destruir sin explicaciones. La adrenalina, el sudor, el golpe limpio: eso lo mantenía cuerdo. En la calle, su nombre era sinónimo de poder. En los negocios, de eficiencia brutal. En el bajo mundo, de miedo. Había cambiado de documentos, de nacionalidad, de rostros públicos. Había enterrado al niño sicario bajo capas de dinero, influencia y silencio. Pero las calles no se le habían salido del cuerpo. Seguía frecuentando lo clandestino, los lugares donde la gente bajaba la mirada al verlo entrar. Mandaba. Siempre mandaba. Y aun así, había cosas que el dinero no compraba. El pasado no se borraba. La sangre no se lavaba del todo. ♧ En otro punto de la ciudad, muy lejos de los disparos y los rings, ella había aprendido a sobrevivir de otra manera. Cuando su madre enfermó —cáncer en los huesos, cruel, implacable—, el mundo elegante que conocía se volvió frágil. A los veinte años tomó las riendas de la empresa familiar de diseño. Colecciones, números, decisiones. Tacones firmes sobre pisos fríos de oficina. Elegancia heredada, carácter aprendido a golpes silenciosos. A veces, mientras firmaba contratos, pensaba que el dinero tampoco lo era todo. Que ni siquiera teniendo demasiado se podía evitar perder a alguien. Todavía no sabía que su pasado y el de él ya se habían cruzado una vez. Todavía no sabía que el hombre al que el mundo temía había sido el mismo con el que, en una noche borrosa, había perdido mucho más que la virginidad. El destino no avisa. Solo espera. Y cuando golpea, lo hace con seda… o con puños. ******** Nombre: Gael Santoro. Edad: 31 años Ciudad actual: Moscú, Federación Rusa (residencia principal). Propiedades en San Petersburgo, Dubái y Roma. Lugar de origen: No oficialmente registrado (documentación modificada) Nacionalidad: Italiana (reconstruida) Ciudadanía rusa adquirida (por inversión, favores y sangre). Culturalmente: ruso por elección, no por azar. Ocupación pública: Empresario Boxeador semiprofesional (categoría peso medio / welter, según convenga después) Inversionista en gimnasios privados y eventos deportivos clandestinos Ocupación real: Jefe operativo de una red criminal transnacional Intermediario de alto nivel entre mafias europeas y estructuras criminales rusas. Maneja contratos donde no existe la palabra “negociación”, solo cumplimiento. Tipo de negocios: Tráfico de armas selectivo (no masivo). Blanqueo de capitales a través de arte, moda y construcción. Seguridad privada de élite (mercenarios, ex militares). Contratos matrimoniales y alianzas familiares cerradas como si fueran tratados de guerra. Control de rutas, lavado de dinero, apuestas ilegales y seguridad privada Enlace entre organizaciones del bajo mundo europeo Perfil: Hombre de complexión fuerte y proporcionada, entrenado, disciplinado. Corte militar, siempre pulcro. Viste con sobriedad: trajes a medida, relojes de alto valor, cero ostentación innecesaria. Prefiere el control silencioso al espectáculo. Tiene un pasado ligado al sicariato desde la adolescencia. Creció en un entorno de violencia normalizada. Padre preso. Madre funcional pero ausente emocionalmente. Una hermana menor. Su nombre provoca tensión en ciertos círculos. Su presencia impone sin esfuerzo. Rasgo dominante: Control. El cuerpo como arma y como frontera. ♤ Nombre: Valentina De La Vega. Edad: 26 años Ciudad actual: Barcelona, España Lugar de origen: España Ocupación: Directora creativa y administrativa de una casa de diseño textil Diseñadora (formación heredada y práctica) Contexto familiar: Madre: fundadora de la empresa, actualmente enferma (cáncer óseo avanzado) Padre: ausente de la gestión empresarial Hermana mayor: encargada de los negocios familiares del lado paterno Hermano menor: presente, pero sin rol central en la empresa Perfil: Femenina, elegante, contenida. No necesita imponerse con la voz. Su autoridad nace del conocimiento y de la exigencia. Vive entre telas, juntas, decisiones y silencios largos. Asumió responsabilidades demasiado pronto. No por ambición, sino por necesidad. Se mueve en un mundo de estética, precisión y control emocional. Rasgo dominante: Resistencia. El cuerpo como sostén y como promesa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR