La biblioteca estaba en silencio. Solo la luz cálida de una lámpara encendida y el eco lejano del jardín tras las ventanas. Gael estaba recostado en el sillón, desnudo, con Valentina sentada sobre él. La sostenía por la cintura, sus manos firmes sobre sus caderas mientras ella se movía lentamente, con esa mezcla de desafío y naturalidad que solo tenía con él. Durante un momento ninguno habló. Solo respiraban el mismo aire. Entonces Gael dijo, con esa calma que siempre lo caracterizaba: — Necesitas entrenamiento. — Valentina soltó una pequeña risa, sin detenerse. — ¿Entrenamiento? — Resistencia. — Sus manos ajustaron un poco el ritmo de sus movimientos. — Y fuerza. — Ella arqueó una ceja, divertida. Mientras seguía con la cabalgata — Oh… pensé que golpeaba duro. — Golpeas duro. — R

