Abrí los ojos sintiendo la luz del sol que se filtraba por la ventana, rodé por el colchón quedando boca abajo. Tenía pereza de levantarme, estaba desperdiciando parte de la mañana por estar aún en la cama. Escuché un golpe en mi ventana, lo ignoré y seguí durmiendo. No pasó menos de dos segundos que volvieron a golpear el vidrio. Solté un gruñido. Esperaba que no fuera el pervertido de mi vecino, un adolescente hormonal que dejaba cartas en el buzón de mi casa o golpeaba mi ventana para luego salir corriendo. Estaba loco. Me levanté de la cama esperando ver al atrevido que golpeaba mi ventana, miles de insultos vinieron a mi mente, abrí las persianas dispuesta a gritarle al adolescente. —¡¿Acaso no te enseñaron a respetar el sueñ... —Me callé al observar a mis amigos. —¡Buen día

