Desperté gracias al sol que golpeaba el mi rostro, había olvidado cerrar las persianas. Parpadeo para poder acostumbrarme a la radiante luz de la mañana, me levanto y arrastró mis pantunflas de pandas por toda la alfombra que adorna parte del suelo de mi habitación. Fui directo al baño, lavé mi cara para borrar cualquier rastro de sueño, cepillé mis dientes y bajé a la cocina a desayunar. Divisé a mamá de espaldas preparando el desayuno, que por el exquisito aroma que despredía se trataba de omelette, me acomodo en el taburete y robé un tocino metiéndolo en mi boca. Mamá me dio una mirada de reproche, y alejó el plato. —¿Saldrás hoy? —preguntó apagando la estufa. —No lo sé, los chicos se fueron a acampar. —Puso un plato con dos omelette y tostadas. —Gracias. —Le prometí a Jesse ll

