—Es una mierda llorar frente a ti —dije en cuanto me sentí un poco mejor. —A mí tampoco me gusta consolar a la chica que le lanzó un cuchillo a mi prometida —quiso sonar indignado pero no pudo y me permití soltar una risa. Me tenía abrazada y acariciaba suavemente mi espalda, me transmitía su calidez y tranquilidad. Apoyé mi cabeza en su hombro y sin querer pase a rozar mi nariz en su cuello. Me llegó su olor tan característico a tierra húmeda y menta pero se encogió alejándome de su cuerpo. —En el cuello no —dijo con una sonrisa—, soy cosquilloso. Levanté las cejas con sorpresa y reí, estaba sentada en la cama de Aaron y me di cuenta de la escasa distancia entre su rostro y el mío, pero él se seguía riendo así que no lo había notado. Me aparté rápidamente y me puse de pie. —Tu habit

