Hermoso sábado, precioso sábado, mi camita, el olor de mi casa, la atención de mi madre y los besos de mi padre ¡¡sí!! No hay nada como estar en casa. Mientras me revuelco en mi cama como poseída, mi teléfono suena y me gusta el nombre que aparece en la pantalla. —Hola mi princesa, mi Amalia—. Saluda Mario con esa melodiosa voz, ¡diablos que voz! —Hola mi príncipe bello ¿cómo estás, te he extrañado?—. Sonrío como tonta. —Extrañándote, ahora bien, quiero que te acerques a tu balcón y mires el árbol de jacaranda, espero te guste—. Habla pausado. Salgo rápidamente por mi balcón y no puedo creer lo que veo, ¡hermoso! De bajo del árbol hay rosas rojas las cuales fueron dispersas formando una frase “te amo”. Estoy sorprendida y a la vez ansiosa no puedo creer que en tan poco tiempo Mario

