«Mientras haya vida, habrá esperanza». Leandro se aferró a las palabras de su hermana, y, aunque, fue muy difícil para él no tomar la botella y beber, lo hizo. Lía tenía razón, no todo estaba perdido, iba a conocer a su hijo y tenía que ser el padre que Alessandro merecía. Compensar a su hijo por el daño que le hizo debía convertirse en su máximo objetivo. Leandro terminó de empacar sus cosas, había regresado a casa de sus padres cuando se sumergió en la bebida y porque Lía le insistió una y otra vez, pero, ya no encontraba motivos para continuar allí. Era mejor marcharse y empezar de nuevo. Cuando salió de su habitación con maletas en mano, no esperó encontrarse con sus padres en la sala, pero allí estaban, esperando por él. —Leandro. —Allegra fue la primera en levantarse y tratar de

